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Los gemelos Israel y Cristóbal Leiva iban derechito a la cárcel por haber hackeado una página de la NASA, entre otras miles. Pero sus vidas dieron un vuelco. No sólo fueron reclutados para unas olimpíadas informáticas en Croacia, sino que los premiaron con dos portátiles.

Pasos afuera de la casa, acercándose, murmullos entrando nítidos por la ventana y la luz roja de una baliza disparando indecisa contra la pieza que seguía a oscuras. Aún era temprano. Cristóbal Leiva no alcanzó a despertar a su hermano Israel para preguntarle qué podía estar pasando. Sintió los pasos ya en la casa, la voz del padre hablando con otra voz, desconocida, latiendo afuera de la pieza, abriendo la puerta, encendiendo la luz, pidiendo explicaciones.

La Policía de Investigaciones había llegado a las 7 de la mañana del lunes 6 de noviembre del año pasado a la casa de Carlos Leiva, en la comuna de Buin, siguiendo la pista que los llevaba hasta Israel y Cristóbal, sus dos hijos menores. A estos gemelos de 17 años se les acusaba, junto a dos amigos que recién habían detenido, de haber creado la banda de hackers Byond Team, responsable de la intervención de miles de sitios en internet. Con ese dato, el despliegue policial no parecía exagerado. Para la Brigada del Cibercrimen, que llevaba meses olfateando el rastro de los hermanos, la banda era la tercera más peligrosa del mundo.

De hecho, cuando los detectives se metieron a la pieza no los llamaron por sus nombres. Por el evidente parecido entre ambos, un policía preguntó quién era Phnx y quién Codiux, los apodos con que los gemelos eran conocidos en el ciberespacio. Conocidos y respetados. Meses antes, en el viejo computador de la casa, habían logrado su intervención maestra. Israel (Phnx, una deformación de “Fénix”) y Cristóbal (Codiux) gastaban la hora y media diaria que su hermana Kristle les dejaba usar el aparato para buscar la más mínima falla de los sitios que los hiciera vulnerables. Pero no un sitio cualquiera. Tenía que ser uno grande, poderoso, indestructible. Esta vez, estaban obsesionados con subir un mensaje de protesta contra la guerra que en ese entonces libraba Israel con el Líbano. Para ellos, lo que estaba haciendo el ejército israelí era una invasión por la que la comunidad internacional no se inmutaba.

Los gemelos estaban decididos a atacar. En una de esas tardes en que Kristle aún no volvía de la universidad, los hermanos encontraron la falla perfecta. En el servidor del sitio de la Nasa había un flanco por el que podían entrometerse. Y lo hicieron. En sólo minutos, una de las páginas secundarias de la agencia espacial estadounidense cambió su apariencia normal por la foto de un niño ensangrentado en la que se leía “Israel, Líbano, deténganse”. Recién dos días más tarde, la Nasa se dio cuenta del episodio. Al mismo tiempo en que bajaba el sitio para repararlo, Zone H –la comunidad de hackers más famosa en el mundo entero– no daba abasto en sus foros alabando la intervención de los chilenos. En ese grupo, Phnx y Codiux ya eran conocidos, pero les faltaba un paso así de grande para graduarse como hackers respetados. De hecho, ya llevaban años figurando en el ranking que Zone H elabora considerando cantidad y calidad de ataques. Pero el golpe a la Nasa los catapultó. Cuando los detectives se los llevaron al cuartel, Phnx y Codiux aparecían en el lugar 10° en el mundo de los hackers, con 8.075 intervenciones.

Por más que los cargos eran contundentes, la justicia tuvo que archivar el caso. Aunque los gemelos llevaban tres años desmenuzando algoritmos en el ciberespacio para vulnerar sitios, fueron declarados sin discernimiento debido a que no habían cumplido la mayoría de edad. De lo contrario, la pena que arriesgaban era de cinco años de cárcel.

En el dictamen tampoco les prohibieron acercarse a un computador. Pero el susto había sido tan grande que en marzo pasado, cuando la causa quedó sobreseída, Israel y Cristóbal juraron dejar el hackeo, por muy pacifistas que fueran sus acciones.

Claro que Buin es pueblo chico y por eso a los Leiva ya no los miraban por el parecido sino por la fama. La prensa ya se había encargado de esparcir la noticia de los hackers entrando sin permiso hasta la Nasa. En las fiestas que organizaba el Liceo Polivalente Moderno Cardenal Caro, los gemelos arrastraban una estela de pelambres, pero también de admiraciones.

Para muchos, lo vivido era una mancha que Carlos Leiva, el padre, se empeñaría en lavar. Quería demostrar que las acciones de sus hijos, aunque ilegales, no habían sido un delito. Y el mes pasado decidió ir a hablar con el alcalde. “Llegó desconsolado –recuerda el edil Ángel Bozán–, porque sentía que sus hijos estaban estigmatizados por la comunidad. No me cuestioné que hubieran sido hackers, porque yo creí que eran líderes positivos, y así me lo ratificaron ellos mismos. Que hayan sido inimputados es secundario. Que hayan dicho ‘no a la guerra’ es más importante que lo que diga un par de jueces”.

A Bazán el caso le calzaba como guante. Interesado en un proyecto para entregar 700 computadores a las 17 escuelas comunales, el alcalde masticó durante días la idea de relacionar el revuelo de los hermanos Leiva con sus propósitos. Necesitaba algo que mezclara las cosas. Y el destino llegó a Buin para darle una mano.

Un poco más al norte de Santiago, en una larga y fría casa en San Miguel, el búlgaro Alexandre Velkov revisaba la prensa una mañana de junio sin muchas ganas, cuando se encontró con el caso de los gemelos y se quedó sin habla. Era exactamente lo que estaba buscando.

Velkov, un ingeniero electrónico que había llegado a Chile en 2000 para desarrollar un plan de computadores a bajo precio en Packard Bell, llevaba cinco años representando en el país a los organizadores de las Olimpíadas Internacionales de Informática (IOI, por sus siglas en inglés). El concurso, creado en Bulgaria en 1989 y que cuenta con el apoyo de Unesco, busca descubrir a los talentos menores de 20 años en el mundo, clasificarlos en una competencia científica anual y luego acreditarlos como tales para que ingresen a las mejores universidades del planeta, como Harvard, Princeton o el MIT.

El año pasado, el búlgaro había conseguido que cuatro estudiantes del Instituto Nacional regresaran desde México con la medalla de plata en las olimpíadas por un asombroso programa de robótica. Pero este año, Velkov estaba seco de participantes, hasta que se topó con la noticia en los diarios.

Preguntó dónde quedaba Buin y partió. Cuando llegó al liceo, le dijeron que los gemelos ya se habían ido a su casa. No entendió las señas que le daban para llegar ahí y estaba yéndose cuando un joven le tocó el hombro. “Soy Cristóbal Leiva, usted me anda buscando”. “Soy Alexandre Velkov –le respondió– y ya te encontré”. Se fueron a conversar a un quiosco cerca del colegio. El búlgaro le pasó una carpeta con información sobre el concurso. Quería que los gemelos representaran a Chile en las olimpiadas en Croacia, en agosto próximo. “Piénsalo”, le dijo,  pero Cristóbal ya lo tenía pensado.

Días después los eslabones se juntaron. El padre de los Leiva volvió a reunirse con el alcalde para pedirle ayuda en sus afanes de limpieza de imagen y le contó lo del concurso. Al edil le brillaron los ojos: era la forma de potenciar su proyecto de computación. Por eso, a los hermanos les regaló sendos aparatos portátiles. Y Velkov, por su lado, se sobregiró pensando en que las aptitudes de los chicos podían significar una nueva medalla y, de paso, ser la mejor vitrina en Chile para el concurso que representa.

Algo parecido a una revolución se levantó en Buin. Como quedaban dos meses para el certamen, la preparación de los jóvenes debía ser intensiva. En el liceo –donde Cristóbal promedia 6,5, e Israel un 6,4– les dieron vacaciones anticipadas y el permiso para ausentarse durante la semana que dura el evento. En la alcaldía se coordinaron reuniones con el ministerio de Educación para analizar el financiamiento de los pasajes. Y el búlgaro contrató a dos ingenieros y a un profesor de informática de la Universidad Federico Santa María para que entrenaran a sus créditos. Mientras tanto, los gemelos no lo podían creer: de malhechores a modelos para armar.

Porque había que armarlos. La primera vez que Israel y Cristóbal Leiva supieron de internet fue en 2003. Ese año, su padre, empleado en la compañía de electricidad CGE, llegó a la casa con un computador con conexión para su hija Kristle, que estudiaba licenciatura en historia.

Los gemelos podían usarlo cuando ella descansaba, apenas una hora y media. Lo suficiente para que mezclaran estudios con chateo. Así llegaron a una comunidad de desarrollo de páginas web, casi un eufemismo para referirse a un foro de hackers donde había abundante información para intervenir sitios. Fue cosa de tiempo para que la dupla pudiera dominar Linux, el sistema básico que utilizan los servidores y que son la razón de existir para los hackers. Todo lo que vino desde entonces es la historia conocida: dos gemelos autodidactas (no han tenido clases de computación en el colegio) interviniendo miles de páginas. Aunque el salto de la Tierra a la Luna vino –literalmente– cuando entraron a la Nasa. Ahí sí que giró la historia.

Velkov la recuerda con una risa nerviosa. En su perfecto castellano, no entiende que en Chile no se le dé importancia a la tecnología. “Allá en Bulgaria les enseñan informática desde 5° básico”, dice mostrando cifras que avalan el ingreso de jóvenes de ese país a pregrado en las mejores universidades.

El presentimiento del búlgaro es que los Leiva tienen todas las condiciones para conseguir una medalla. Y como no es un juego, les puso tres horas de clase para resolver problemas similares a los que se encontrarán en el concurso. Nada será tan fácil: la competencia implica que en un día deben desarrollar softwares para resolver tres problemas. “Mientras más eficiente, con menos uso de memoria y menor tamaño, es el mejor”, dicen los gemelos. Todo, en cinco horas.

En la casa de San Miguel, los ingenieros Andrea Escobar y Mauricio Iturriaga, más el profesor de informática Pedro Godoy reciben tres veces por semana a los hermanos Leiva. A ellos se han sumado Romina Huenchunao y Constanza Contreras, alumnas del Liceo Carmela Carvajal, quienes ya han participado en eventos de robótica y antihackers, y que completan el cuarteto que representará a Chile en las olimpiadas, que se disputarán entre el 15 y el 22 de agosto en Zagreb.

Con tan poco tiempo por delante, la sobrerreacción de Velkov es evidente. Sus fichas están puestas en el grupo y –aunque no se los ha dicho– aspira a que los hermanos regresen con una medalla en el cuello. Pero está nervioso. En el ministerio de Educación no quieren comentar si aparecer apoyando a “ex hackers redimidos” es o no una buena imagen para el gobierno y, por lo mismo, aún no confirman si financiarán el pasaje de los chilenos.

Pero los gemelos tienen harto más de qué preocuparse. Porque Velkov no los suelta. Después de una clase, los obliga a acompañarlos a uno de esos programas de televisión en que un juez dirime una demanda. En este caso, el búlgaro las ha emprendido contra Luis Herrera, uno de los premiados alumnos del Instituto Nacional en el concurso pasado. Según Velkov, que el chico no haya seguido estudiando inglés le impidió llegar al MIT. “Esto no puede pasarles –dice–, así es que quiero que vean lo que se está farreando este otro alumno”.

Israel y Cristóbal están cansados. Ya se saben las lecciones del búlgaro de memoria: “Nuestra idea es que Chile sea tecnológico, no sólo tecnologizado. Aquí la enseñanza de la informática no se aplica. Aquí falta motivación para los alumnos”.

En voz baja, Cristóbal plantea que quiere irse a casa, pero Velkov los apura y los sube al auto. “Es por nuestro bien, para que valoremos lo que podemos lograr. Estudiar afuera sería un sueño después de la pesadilla”, dice Israel. Él quiere  aprovechar la rarísima opción que les dio el destino de dejar las cosas como jamás lo haría un hacker: en su sitio. \\

\ Por: Patricio Corvalán Carbone

\ Fotos: Sergio López

\ La Tercera \Mujer

8 comentarios para “La genialidad x 2 byond team”

  1. luis astorga comento:

    me gustaria tener contacto con estos niños
    como poder hacerlo para hacerle unas consultas o preguntas relacionadas con la informatica

    atte

    luis astorga

  2. paola guajardo mercado comento:

    soy estudiante de criminalistica (UTEM). y realizo un trabajo de investigacion sobre hackers, me interesa el caso recien reporteado. Agradeceria enviar informacion o un contacto para realizar mi trabajo con la mayor rigurosidad… atte. paola. muy interesada

  3. Paola no manejo información de como contactarlos, como cahuin de ultimo minuto al parecer les dieron una beca en gringolandia, solo se me ocurre que podrías contactar a Patricio Corvalán Carbone de la Tercera quien hizo la entrevista.
    Saludos.

  4. 4a_2007_lpmcc comento:

    http://www.fotolog.com/4a_2007_lpmcc

    es el log de su curso ahi las preguntas corresp.

  5. Por favor necesito de alguien que pueda dar clave de acceso a una clave en GMAIL.

    saver cuanto cuesta y como se cancela

  6. Claudia… espero que alguien te ayude…

  7. para las cuenta gmail no cuesta nada son gratuitas.. y como se cancelan no se pueden cancelar almenos no lo sé…

    lo que pasa es que antes te invitaban alguien que tubiera ahora creo q ya te puedes escribir si kieres una invitacion mandame uin correo y te mando la invitacion para q puedas tener una

    cuidate alex

  8. jajaja alex no entendiste la pregunta de la claudia
    lo que ella quiere es piratear una cuenta de gmail y pregunta quien lo hace y cuanto cobra….

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