Leonardo Armella (30, en la foto) no ha salido nunca de Talabre, un pueblo de cien habitantes levantado por los atacameños a los pies del volcán Láscar, a 64 km de San Pedro de Atacama. Hace quince días se levantó de su cama e intentó sin éxito abrir la llave del agua. Eran las ocho de la mañana y debía tomar un remedio. En su forcejeo, la píldora rodó por el suelo y no la pudo alcanzar.
–No puedo agarrar nada. Así me quedaron las manos–, muestra sus dedos mutilados.
Hace dos años y medio, el 21 de diciembre de 2005, mientras pastoreaba a 10 km de su pueblo, el paisaje desértico se tiñó de rojo:
–Estaba cansado y cuando moví una piedra en el suelo para sentarme sentí como una bala. El ruido de la explosión salió por debajo de la roca. Envolví mis manos llenas de sangre en mi polerón. Bajé al pueblo corriendo, gritando, llorando–, dice.
Leonardo había escuchado historias sobre animales destrozados en el desierto pero, como todo el pueblo, culpaba a los zorros. Después de su accidente supo que la causa de su mutilación podía ser una mina antipersonal.
–Me lo explicaron los carabineros y los militares que vinieron a verme el día del accidente–, cuenta.
Al día siguiente, el Ejército emitió un comunicado en el que expresaba su extrañeza por la explosión: “No existen campos minados en la zona y los más cercanos se encuentran a una distancia de 35 a 40 kilómetros del lugar donde se registró el accidente”.
No hubo ninguna respuesta oficial para Leonardo. Tampoco para las más de 100 personas que, según el catastro oficial, han sufrido explosiones con minas antipersonales, antitanques y municiones de artillería sin estallar desde la década del 70 en Chile.
Fuente: Blog de Paula [ Aca encontraran el articulo completo ]

