La madrugada del lunes 15 de septiembre pasado presentó los documentos para protección ante sus acreedores el hasta entonces cuarto banco de inversión de Estados Unidos, Lehman Brothers. Fundada en 1850 por los hermanos Emanuel y Mayer Lehman, la empresa tuvo una historia llena de sobresaltos. Si bien sobrevivió los embates del Crash del 29 y la Gran Depresión, en 1973 estuvo al borde de caer en bancarrota y pasó por varios procesos de fusiones y ventas, destacando su pérdida de independencia a mediados de los 80, cuando fue vendida a Shearson/American Express. Diez años más tarde la recuperaría, bajo el mando de Richard Fuld Jr. Él encabezaría el auge de lo que entonces era un intermediario de bonos de segunda línea, hasta convertirlo en uno de los principales bancos de inversión a fines de la década de los 2000, llevando a que fuera reconocido el 2006 como el CEO N°1 por la prestigiosa revista Institutional Investor. El mismo Fuld no podría evitar tener que llevar a Lehman al proceso definido en el Capítulo 11 del Código de Bancarrotas norteamericano.

Los problemas de Lehman empezaron hace algo más de un año cuando, como resultado de la crisis subprime, debió cerrar su filial de préstamos hipotecarios para ese segmento de mayor riesgo crediticio. Su significativa exposición en instrumentos hipotecarios de mayor riesgo le provocó importantes perjuicios durante el primer semestre del 2008, llevándolo a reconocer pérdidas por casi US$ 3 mil millones, así como a vender US$ 6 mil millones en activos y ver el precio de su acción caer más de 70%. Después de la venta forzosa del banco de inversión Bear Stearns en marzo, para muchos Lehman sería el próximo en seguir una suerte parecida.

Ante estos rumores, Fuld se encargó de transmitir incansablemente que Lehman estaba en un buen pie y que no sería necesario levantar nuevo capital, aun cuando anunció que despediría al 6% de sus empleados (1.500 personas) en agosto del 2008. A fines de ese mes, parecía que Lehman correría la misma suerte de otros bancos de inversión que recibían inyecciones de capital de fondos soberanos extranjeros (como Merrill Lynch y UBS que recibieron fondos de Singapur, Citigroup de Abu Dhabi y Morgan Stanley de China). En este caso, el comprador era el Banco de Desarrollo de Corea del Sur. Sin embargo, a comienzos de este mes los coreanos finalmente desistirían y el precio de la acción cayó en picada.

El golpe de gracia provino del propio secretario del Tesoro americano, Henry Paulson, cuando desestimó cualquier tipo de ayuda gubernamental para Lehman, a diferencia del rol activo que tuvo a la hora de asistir a la compra de Bear Stearns por parte de JP Morgan. Como ex ejecutivo de Goldman Sachs y conocedor de la industria, Paulson arguyó que el mercado conocía desde hace tiempo los problemas por los que atravesaba Lehman, que además tuvo acceso a líneas de financiamiento de la Reserva Federal, opción que Bear Stearns no tuvo. Claramente no estaba dispuesto a pasar por la misma ola de críticas de los parlamentarios que se quejaban del uso del dinero de los contribuyentes para salir al rescate de instituciones financieras que habían tomado más riesgo de lo prudente.

El pasado 10 de septiembre la situación entró en fase terminal, cuando Lehman anunció pérdidas por casi US$ 4 mil millones y puso a la venta su filial de administración de fondos, Neuberger Berman. Aún negando públicamente que la empresa estaba a la venta, la administración buscaba frenéticamente un comprador. Aunque surgían rumores de compra por parte de Bank of America o el banco inglés Barclays, el precio de la acción pasaba a una caída libre. Ya el sábado 13 el presidente de la Reserva Federal de Nueva York organizaba los preparativos para una liquidación ordenada y así evitar un colapso caótico del otrora cuarto banco de inversión de Wall Street.

En un evento extraordinariamente inusual -reflejando la gravedad del asunto- la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA) autorizó que el mercado abriera el domingo 14, de manera de permitir a los bancos “netear” las posiciones que tenían a Lehman como contraparte. Ya no había vuelta atrás. La madrugada del 15 de septiembre, Lehman presentó los documentos para acogerse a protección de quiebra. Sus US$ 640 mil millones en activos (casi 4 veces el PIB de Chile) no eran suficientes para hacer frente a cerca de US$ 670 mil millones en deuda. Durante el día la acción cayó 80% (20 centavos de dólar), antes de ser suspendidas sus transacciones. A comienzos de año, éstas se cotizaban por encima de los US$ 60.

Al momento de escribir esta columna, Barclays anunciaba la compra de la operación de trading de Lehman, libre de toda deuda e incluyendo su edificio central en Times Square de Nueva York. El precio: US$ 1,75 mil millones, una ganga sólo considerando la ubicación del inmueble. Mientras tanto, los ex empleados de Lehman tratan de ganar algunos dólares vendiendo recuerdos (tazones, bolsos, pelotas de golf). Un muy poco digno fin para una institución de más de 150 años, cuya cabeza nunca pudo darse cuenta que Lehman -el único lugar donde Fuld trabajó toda su vida profesional- valía mucho menos en el mercado del valor que él pensaba.
“Mamá Merrill” dice adiós como empresa independiente.

La quiebra de Lehman opacó bastante un acontecimiento casi tanto o más importante: el fin de la vida de Merrill Lynch (o Mamá Merrill como se le llama afectuosamente) como banco independiente. Fundada en 1914 por Charles Merrill y Edmund Lynch, la empresa se caracterizó por una significativa presencia global, con oficinas en 98 países (incluyendo su reciente entrada al mercado chileno) y una impresionante red de asesores financieros (más de 15 mil).

Al igual que Lehman, los problemas de Merrill Lynch también se originaron por su excesiva exposición a instrumentos hipotecarios, incluyendo el segmento de baja calidad o subprime. En noviembre del 2007 el reconocimiento de más de US$ 8 mil millones en pérdidas y la falta de discreción al referirse a conversaciones de fusión con otro banco, le costó la salida del entonces CEO Stanley O’Neal, siendo reemplazado por John Thain, ex presidente de Goldman Sachs y CEO de la Bolsa de Nueva York.

En diciembre la necesidad de levantar capital le llevó a vender activos y US$ 6 mil millones de acciones al fondo soberano de Singapur. A pesar de que pudo enfrentar relativamente bien la crisis de Bear Stearns en marzo de este año, ya en julio los problemas volvían a presentarse. Ese mes anunció nuevas pérdidas, esta vez por US$ 5 mil millones, con lo que sumó en un año mermas por casi US$ 20 mil millones (o más de US$ 50 millones diarios). El precio de la acción cayó estrepitosamente, obligando a Thain a volver a vender activos, incluyendo una cartera de bonos hipotecarios con un descuento cercano al 80% así como una participación minoritaria en el servicio de información financiera Bloomberg.

Si bien las turbulencias generadas por los problemas y posterior intervención de las agencias de garantía hipotecaria Fannie Mae y Freddie Mac aumentaron la incertidumbre sobre el sector financiero, nada indicaba que Merrill Lynch estuviera a la venta, al menos para ser comprada por una institución financiera más grande. El mercado apostaba que de haber una transacción, ésta involucraría a Lehman. Posiblemente influenciado por el dramático fin de este último, Thain se movió con una rapidez y un sigilo memorables para negociar y cerrar la venta de Mamá Merrill al Bank of America (BofA) el domingo 14, el mismo día en que se preparaba la quiebra de Lehman. El precio acordado, US$ 29 por acción, representaba un atractivo premio de más del 70% por sobre el precio de cierre del viernes 12, pero distaba bastante de los US$ 54 de comienzos de año. A diferencia del CEO de Lehman, la cabeza de Merrill no tenía el apego emocional sobre la empresa, llevando a cabo un eficiente proceso de venta. Sin embargo, el hecho de que no surgiera una contraoferta de otro jugador es una clara señal de lo delicado de la situación actual. A diferencia del poco digno final de Lehman, probablemente el nombre de Merrill Lynch seguirá existiendo bajo el paragua del BofA -es una de las marcas financieras más reconocidas globalmente- pero se anticipa un ajuste cultural nada de fácil, al tener que subordinarse los banqueros de inversión, de grandes egos y bonos, a los menos glamorosos banqueros comerciales.

AIG y el “capitalismo socialista”

La desaparición de dos de los mayores bancos de inversión de EE.UU. ya parecía suficiente para un fin de semana. Sin embargo, lo mejor (y probablemente lo más grave) estaba por venir. American Insurance Group (AIG) es una de las mayores aseguradoras del mundo, fundada en 1919 y con presencia en 130 países (incluyendo Interamericana, en Chile). También el domingo 14 hizo anuncios que causaron una gran sorpresa: debía poner a la venta su filial de arriendo de aviones y levantar cerca de US$ 20 mil millones antes del miércoles 17. De lo contrario, enfrentaba una baja de clasificación de riesgo que aceleraba pagos en varios contratos, ahondando aún más la necesidad de capital.

¿Qué había pasado? La complicada situación financiera de Lehman llevó a los analistas a buscar instrumentos similares a los que tenían en carteras de otras instituciones financieras, incluyendo las aseguradoras. En el caso de AIG no sólo había instrumentos similares a los de Lehman, pero éstos estaban valorados hasta 2 veces más arriba, al tener las compañías de seguros mayor flexibilidad para valorizar a mercado sus posiciones. Lo anterior llamó la atención de las agencias clasificadoras de riesgo, quienes advirtieron a AIG que necesitarían una inyección de capital para no ser rebajada la clasificación de riesgo. De no lograrlo, la caída en la clasificación gatillaría pagos de contingencias y agravaría aun más la situación patrimonial, llevando a la compañía a la quiebra.

En un principio las autoridades intentaron coordinar a bancos privados para otorgarle una línea de crédito por hasta US$ 40 mil millones. Sin embargo, la decisión de las clasificadoras Moody’s y Standard & Poor’s  (duramente criticadas durante esta crisis financiera por la lentitud en ajustar sus clasificaciones ante el deterioro de la situación financiera) de bajar a AIG de AA- a A este lunes 15 de septiembre, forzó a la aseguradora a tener que cubrir compromisos por US$ 10 mil millones, echando abajo el plan de rescate.
Se acercaba el miércoles y parecía que AIG se unía a la suerte de Lehman. Finalmente el martes 16, la Reserva Federal junto con desestimar la necesidad de rebajar la tasa de política monetaria del actual 2%, anunció la intervención de AIG, facilitándole una línea de crédito por hasta US$ 85 mil millones, tomando a cambio derechos por hasta el 80% de las acciones de la aseguradora. Significaba, en la práctica, la nacionalización de la empresa. La Reserva Federal prefirió meterse la mano en el bolsillo, incluso contra la opinión compartida de los candidatos Obama y McCain de no salvar AIG con dinero público, para evitar el colapso de un gigante, lo que sería caótico en un mercado excesivamente frágil. Así AIG ganó tiempo para entrar en un proceso ordenado de liquidación de sus activos para pagar de vuelta el crédito.

Si los sorprendentes juegos olímpicos de Beijing terminaron por convencernos que el “socialismo capitalista” de los chinos parece funcionar bastante bien, las consecuencias de las nacionalizaciones de Fannie Mae, Freddie Mac y AIG por parte del gobierno norteamericano llevan a preguntarse si funcionará el “capitalismo socialista”, donde ya se han usado unos US$ 900 mil millones del dinero de los contribuyentes para tomar el control de su propiedad y entregar inyecciones de liquidez, muchas veces recibiendo como colateral papeles de dudosa calidad crediticia a estas alturas.

¿El fin de una era?

Si bien no existe certeza respecto a cuándo terminará esta crisis financiera de proporciones o si habrá nuevas quiebras o rescates con fondos públicos, lo cierto es que sí se suscitarán cambios profundos en el sistema financiero global, tanto en su estructura como en su regulación.

Al momento de escribir este artículo existía un activo debate en los medios especializados respecto de la figura del banco de inversión -dedicado a la asesoría de empresas y a la intermediación financiera, así como a tomar posiciones propias- como entidad separada de la banca comercial tradicional (que recibe depósitos y otorga créditos) o de la banca universal que integra ambas actividades. El aumento del precio para protegerse frente a un evento de quiebra de bancos como Morgan Stanley o el mismísimo Goldman Sachs, apunta a que el mercado tiene serias dudas acerca de la viabilidad de este modelo. Y tiene argumentos serios para pensarlo, mirando lo que pasó con Bear Stearns, Merrill Lynch (ambos adquiridos por bancos universales) y Lehman (que ni siquiera llegó a ser comprado, quebrando antes). Quizás resulta demasiado temprano para sacar conclusiones, pero incluso si sobreviven, los bancos de inversión por seguro tomarán menos riesgos y pagarán menores sueldos.

Por otro lado, como la sangre que atrae a los tiburones, las recientes nacionalizaciones han llevado a distintos políticos norteamericanos a plantear una reforma profunda del sistema financiero y de su marco regulatorio. Incluso algunos van más allá, proponiendo crear una agencia gubernamental que compre toda la deuda con problemas de las instituciones que lo necesiten y así servir de ancla para un turbulento mercado financiero.

Si bien es demasiado pronto para ver con claridad las consecuencias, un buen precedente sería la experiencia del colapso bancario en Chile a comienzos de los 80, que tuvo como respuesta una regulación muy estricta que recién vino a relajarse y permitir mayor crecimiento a la banca a mediados de los 90. Aún hasta hoy existen bancos chilenos que tienen cuentas por pagar con el Banco Central, que tomó la cartera vencida de las entidades que habían entrado en problemas.

La crisis en Chile

No puedo terminar este artículo sin tratar de responder la pregunta que seguramente se hacen muchos lectores de Qué Pasa: “OK, me queda clara la tremenda embarrada, ¿pero en qué nos afecta a nosotros en Chile?”.

Primero, las palabras tranquilizadoras. Quizás como nunca la situación de estabilidad macro y prudentes políticas económicas verán sus frutos. El hecho de que entremos en esta crisis con un significativo superávit fiscal e importantes ahorros en los fondos de estabilidad financiera, así como con un Banco Central que ha aumentado reservas desde mayo, son garantías muy relevantes que, por cierto, aminorarán los impactos de esta megacrisis.

Sin embargo, la condición abierta de la economía chilena, tanto en sus productos como en los flujos de capitales, no la hacen completamente inmune. Por lo pronto, lo ocurrido en Lehman, Merrill Lynch y AIG tendrá consecuencias directas en las carteras de inversionistas institucionales y particulares que tenían exposiciones a estos nombres. En bastante menor medida los fondos de pensiones y algo mayor las compañías de seguros y clientes de alto patrimonio, habrá ajustes a la baja e incluso castigos en el caso de papeles de Lehman.

Más aún, el aumento de la aversión al riesgo impacta a activos como las acciones. Ello ya está teniendo un efecto negativo sobre fondos de pensiones con mayor participación accionaria (A y B) y fondos mutuos de renta variable. El impacto en las acciones locales ha sido menor que en bolsas extranjeras, debido a una menor dependencia de inversionistas extranjeros (versus Brasil, por ejemplo). Los nombres que más sufren son aquellos ligados a materias primas, debido a la percepción (a mi juicio correcta) que la ampliación de la crisis financiera llevará a un menor crecimiento mundial.

Precisamente esto último es el mayor y más duradero impacto de la crisis financiera sobre nuestro país: el traspaso hacia la economía real, al consumo de los bienes que producimos (el precio del cobre, bordeando los 3 US$/lb ya lo refleja) y a las mayores dificultades para financiar la inversión. Lo más probable es que los años de bajo crecimiento se extiendan más allá del 2009 o del 2010.

Links para seguir la crisis

Si no puede dejar de ver como el mercado financiero se desploma, le recomiendo seguir la crisis a través de las siguientes páginas web:

www.rgemonitor.com/blog/roubini
Blog de Nouriel Roubini, economista de NYU quien profetizó la crisis desde el 2006.

www.portfolio.com/views/blogs/market-movers/?TID=Seekpartner
El excelente columnista de Portfolio.com, Felix Salomon.

http://seekingalpha.com/
La madre de todos los blogs financieros.

Este es un articulo de la revista que pasa y lo puedes ver en la siguiente direccion

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